“Dios es amor,
Quizás a alguien le suena esta canción, que tanto canté en mi infancia. Y me remontó a este momento de mi vida, no porque sintiera entonces la llamada del Señor, sino porque Dios hace muy bien las cosas y estoy completamente convencida de que ya desde mi infancia iba fraguando mi vida, consagrándome a Él para siempre. Todos los Domingos, Él me esperaba para tener un encuentro, para cogerme en sus brazos de Padre y para decirme que Él es amor y me amaba, que era única e irrepetible, la niña de sus ojos. Por eso, si alguien ha pensado alguna vez que la catequesis de infantil no es importante, está gravemente equivocado. Hoy soy testigo de lo crucial que ha sido en mi vocación sentirme amada por Dios a través de Ana, mi catequista de infantil. Desde estas páginas: GRACIAS.
La adolescencia, como la mayoría de los adolescentes, fue más difícil. De hecho, uno de mis planes era confirmarme y dejar de ir a la parroquia, pero Dios me enganchó a través del párroco que me pidió que fuera catequista. Acepté simplemente por solidarizarme con aquellos que me necesitaban. Aunque, en el curso 97 /98, llegaron las ECSF a mi parroquia con lo cual me pareció que ese altruismo de ser catequista ya no era necesario. Fue gracias a la Hermana María , que me insistió, por lo que continué en este camino.
Todas las semanas teníamos formación de catequistas con la Hermana M ª Cruz. Aquella mujer tenía algo especial cuando nos hablaba de Cristo. Sus palabras me embelesaban. Jesucristo se estaba haciendo cada vez más presente en mi vida: nos comprometimos a leer todos los días el Evangelio, un ratito de oración, luego una visita al Santísimo… No podía evitarlo. Era como dos imanes que se atraen fuertemente y no se pueden separar.
A partir de aquí, no puedo decir que fuera una carrera de gigante, como la de santa Teresita, sino una carrera de galgo, porque todo fue muy deprisa. En el año 99 sucedieron dos acontecimientos claves en mi vocación: los campamentos con las Hermanas y mis primeros Ejercicios Espirituales. Todo lo que en aquellos Ejercicios se decía era como el agua me calmaba mi sed, pero que a la vez, me dejaba más sedienta. Cuando a la vuelta llegué a mi casa, quería anunciar a todos lo que había visto y oído… Las visitas al convento eran más frecuentes. Comencé a celebrar todos los días la Eucaristía, procuraba hacer muchas jaculatorias, el rezo del rosario.
Un buen día decidí decirle a la Hna. M ª Cruz que tenía vocación y al poco tiempo también a mi madre. Lógicamente a mi familia le costó aceptarlo, pero Dios me ha dado una madre estupenda que, a pesar de sus muchas cruces, siempre las ha sabido llevar con valentía y fortaleza. Y así acordamos mi entrada para el 7 de enero de 2001, cuando ya hubiera cumplido los 18 años, y pasara la última Navidad con mi familia. Doy gracias a Dios por haberme elegido y consagrado. Ha sido un regalo nada merecido, pura gratuidad del Señor. Bendito y alabado sea por siempre. Amén.
HNA. Mª VICTORIA
No hay comentarios:
Publicar un comentario