martes, 6 de septiembre de 2011

EL AMOR PIDE SER AMADO


“Dios es amor, la Biblia lo dice/Dios es amor, San Pablo lo repite/Dios es amor, búscalo y verás/en el capítulo 4, versículo 8, Primera de Juan”.

Quizás a alguien le suena esta canción, que tanto canté en mi infancia. Y me remontó a este momento de mi vida, no porque sintiera entonces la llamada del Señor, sino porque Dios hace muy bien las cosas y estoy completamente convencida de que ya desde mi infancia iba fraguando mi vida, consagrándome a Él para siempre. Todos los Domingos, Él me esperaba para tener un encuentro, para cogerme en sus brazos de Padre y para decirme que Él es amor y me amaba, que era única e irrepetible, la niña de sus ojos. Por eso, si alguien ha pensado alguna vez que la catequesis  de infantil no es importante, está gravemente equivocado. Hoy soy testigo de lo crucial que ha sido en mi vocación sentirme amada por Dios a través de Ana, mi catequista de infantil. Desde estas páginas: GRACIAS.

La adolescencia, como la mayoría de los adolescentes, fue más difícil. De hecho, uno de mis planes era confirmarme y dejar de ir a la parroquia, pero Dios me enganchó a través  del párroco que me pidió que fuera catequista. Acepté simplemente por solidarizarme con aquellos que me necesitaban. Aunque, en el curso 97 /98, llegaron las ECSF a mi parroquia con lo cual me pareció que ese altruismo de ser catequista ya no era necesario. Fue gracias a la Hermana María, que me insistió, por lo que continué en este camino.

Todas las semanas teníamos formación de catequistas con la Hermana Mª Cruz. Aquella mujer tenía algo especial cuando nos hablaba de Cristo. Sus palabras me embelesaban. Jesucristo se estaba haciendo cada vez más presente en mi vida: nos comprometimos a leer todos los días el Evangelio, un ratito de oración, luego una visita al Santísimo… No podía evitarlo. Era como dos imanes que se atraen fuertemente y no se pueden separar.

A partir de aquí, no puedo decir que fuera una carrera de gigante, como la de santa Teresita, sino una carrera de galgo, porque todo fue muy deprisa. En el año 99 sucedieron dos acontecimientos claves en mi vocación: los campamentos con las Hermanas y mis primeros Ejercicios Espirituales. Todo lo que en aquellos Ejercicios se decía era como el agua me calmaba mi sed, pero que a la vez, me dejaba más sedienta. Cuando a la vuelta llegué a mi casa, quería anunciar a todos lo que había visto y oído…

Las visitas al convento eran más frecuentes. Comencé a celebrar todos los días la Eucaristía, procuraba hacer muchas jaculatorias, el rezo del rosario.

Un buen día decidí decirle a la Hna. Mª Cruz que tenía vocación y al poco tiempo también a mi madre. Lógicamente a mi familia le costó aceptarlo, pero Dios me ha dado una madre estupenda que, a pesar de sus muchas cruces, siempre las ha sabido llevar con valentía y fortaleza. Y así acordamos mi entrada para el 7 de enero de 2001, cuando ya hubiera cumplido los 18 años, y pasara la última Navidad con mi familia. Doy gracias a Dios por haberme elegido y consagrado. Ha sido un regalo nada merecido, pura gratuidad del Señor. Bendito y alabado sea por siempre. Amén.
HNA. Mª VICTORIA

LA INSISTENCIA DE DIOS

Todo comenzó hace ya muchos años……. Entre los 15 y 18 años de mi vida.
Por medio de las Madres  Capuchinas de Chauchina,  un grupo de amigas y conocidas del pueblo éramos convocadas para hacer unos ejercicios espirituales, unas veces en Granada y otras en el pueblo en la casa que ahora ocupan las Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia. La entonces Abadesa del Monasterio, M Rafaela, me invitaba a participar y yo le decía que me daba mucha vergüenza comer en público pues en esos sitios se comía con cuchillo y tenedor la fruta, solución, ella me daría unas clases prácticas.
La verdad que en estos encuentros intensos de oración me plantee si realmente Dios me podría estar llamando a consagrar mi vida a El.
A mis  18 años conocí a las Misioneras Rurales que vinieron de misión al pueblo, y pensé si podría ser misionera. Cuando se lo manifesté a una de ellas, me comentó que tenía que estudiar Magisterio, pues ellas daban clase en algunos pueblos a los que iban  y precisamente los estudios no eran lo mío; así que lo vi claro. Ellas se marcharon, pues van a misión por año.
Desde entonces M Rafaela me llamaba al locutorio y todos los meses quedábamos para hablar, me preguntaba por mi vida espiritual, me daba libros para leer, compartíamos grandes ratos, es lo que ahora llamamos un seguimiento vocacional.
En el verano de mis 19 años llegó al pueblo una religiosa Sierva de María promotora vocacional. Nos habló de la vocación, la entrega a Dios, etc. Fue directa. A mi me tocó bastante y tras su marcha M Rafaela me dijo: “Encarnita  ¿no vas a ser valiente y decir si al Señor? Mira que de los cobardes no se ha escrito nada”.
Cerré los ojos y me lancé. La verdad es que encontré mucho apoyo en casa por parte de mis padres y hermanos; la ilusión de mi madre era tener un hij@  consagrado.
Pues nada; a los 20 años marche para Madrid al Noviciado junto con otra chica del pueblo que actualmente es Sierva de María: Sor Encarnación Montosa. Sólo realicé el tiempo de postulantado noviciado. Llegó el momento de salir a la asistencia a los enfermos y terminé de ver que no era lo mió y antes de emitir los primeros votos lo dejé. Eso sí, guardo un gran cariño a estas religiosas y doy  gracias a Dios por esta primera experiencia vivida en los madriles como cariñosamente digo cuando me refiero a esta época de mi vida.
Sirva de referente que Sta. Soledad Torres Acosta, su fundadora, es una de mis santas favoritas.
            De vuelta a casa me sentí muy acogida por los míos, aunque en medio de la alegría, se que a mi madre le costó.
            Recuerdo que M Rafaela me mandó llamar al locutorio; yo estaba supernerviosa, pero todo fue muy bien y me animó a ser buena hija y buena cristiana.
            He de confesar que pase por unos años de rebeldía en el tema religioso, no dejé de ir a Misa pero sí de confesar con la frecuencia que lo hacía y de comulgar. Me vino el pasotismo y la desgana.
            Mi vida transcurría con normalidad en casa con mis padres. Trabajaba en la época de espárrago en el almacén y en la recogida de la pera y manzana.
            En 1991, M. Rafaela parte a la casa del Padre. Por ese tiempo a mi madre la habían operado de un fibroma maligno en un brazo, quedando este bajo control médico.
            Y llega el curso 92-93  y somos convocadas por el párroco D. Miguel y las M.M. Capuchinas,  un grupito de jóvenes para dar la bienvenida a las Esclavas Carmelitas S.F. que venían para fundar en el pueblo. Intercambiamos saludos, presentaciones etc… y ahí estoy yo pregunta que pregunta, según mis hnas y sin dejar de hablar. A lo largo del curso fuimos conociéndolas. ¡Ah! Ni que decir tiene que las dos hnas que se quedaron con nosotras fueron Cristina y Mª del Mar.
            He de decir que aparte de los “quesitos”, lo que mas me llamó la atención y cautivó fue la alegría y la sencillez del trato entre ellas. Solía asistir a todo lo que hacían, me ofrecía para los juegos del domingo, luego rezábamos Vísperas, alguna hora santa de los jueves… en definitiva que me tenían hasta en la sopa. También estábamos muchas veces Pili y María actualmente E.C.S.F.
            Según iba pasando el tiempo, dentro de mí surgía un sentimiento ya familiar y conocido el cual yo acallaba diciéndome: eso de ser religiosa no puede ser, yo ya no sería, eso no podía ir conmigo, ya vi que no, me decía que no, que no podía ser. Llegué a pensar que estaba encandilada con las hnas y que no era cuestión de vocación. ¡Uf! ¡Vaya lío que se había montado en mi cabeza!.
            No obstante, yo lo oraba, pedía luz al Señor y El me escuchó, aunque la verdad, no como yo quería. Me explico: Pensé: “llamaré a Madre Ángeles  ( Maestra de Novicias de los madriles) ya que ella me ha conocido durante tres años mas profundamente y me confirmará que realmente no tengo vocación, que ya lo intenté y no pudo ser y así me quedaría en paz. Y dependiendo de lo que ella me dijese yo hablaría o no con la hna Cristina”.
            Recuerdo el hecho en sí: una tarde de calor andaluz  en una cabina telefónica a pleno sol, con el corazón que se me salía, marqué y al ataque, le expuse todo mi sentir a la Madre Ángeles, a lo cual me animó a seguir adelante y que si no pudo ser con ellas el Señor me estaba llamando, y que yo tenía vocación. Me animó a ser una santa ECSF.
            Y tras esta conversación telefónica dí el paso de hablar con la hna Cristina, pues las hermanas ya conocían algunas de mis batallitas. Como estaba tan nerviosa le pedí permiso para fumarme un cigarro y me dijo que lo primero que tenía que hacer era dejar de fumar, aparte de que estábamos en su casa y menudo olor le iba a dejar, claro está,  pues ellas no fumaban (ja ja ja).
Aprovechando que venían todas las hnas para la entrada de la hna Mª del Pilar, María y yo hicimos nuestra consagración a la Virgen, y compromiso de prepostulantes.
            Hable con mis padres y hermanos de mi decisión y aunque les costó, yo creo que a todos mas que la primera vez, tengo la satisfacción de poder decir que a pesar del sufrimiento, sentí el apoyo de mi familia en todo momento y conforme ha ido pasando el tiempo he visto como ese sufrimiento se ha convertido en gozo, pues me ven feliz.
Dicho sea de paso, mi madre llego a verme profesar los Votos Temporales, ya que para los Perpetuos había fallecido. Y, como comentaba anteriormente, el Señor la bendijo con la consagración de una hija.
Haciendo balance de mi vida y en concreto como ECSF, he podido experimentar la mano de Dios que me ha ido guiando en mis dudas y momentos difíciles, a través de mis hermanas formadoras, con sus palabras de aliento, su escucha, comprensión y paciencia.
ÉL  se ha ido manifestando de tantas formas y maneras, que nunca yo podría imaginar. Han sido tantos detalles por su parte, que realmente puedo decir que Él me ha llamado y ha mantenido la respuesta que yo debía darle.
Por todo esto doy gracias a Dios y a todas aquellas personas que ha ido poniendo en mi camino a lo largo de todo este proceso de mi vida religiosa.
HNA. ENCARNACIÓN

Desde Segovia a la convivencia de familias!!

La convivencia con las familias, ya sea de campamento o de fin de semana,  nos permite vivir de manera intensa nuestra fe en Cristo. Orar juntos, compartir inquietudes y profundizar en el modelo de vida de la Sagrada Familia, nos ayuda a vivir la fe en nuestro hogar y en la vida diaria. Estos días han sido como volver a ver el faro que siempre te guía en la mar. Y a este “faro” llegamos familias muy diferentes, pero muy similares sobre todo, en cuanto a la búsqueda de la fe compartida y la unión en Cristo. Es muy enriquecedor poder disfrutar de un espacio y un tiempo en el que compartir nuestra fe, nuestras dudas, nuestros hábitos y hasta nuestros hij@s! En ese punto de encuentro se paran el resto de espacios y tiempos donde somos muchas cosas, donde representamos muchos roles sociales pero no siempre a gusto. En este punto de unión, la libertad de ser y vivir nuestra fe nos ayuda a intensificarla y trasladarla a nuestra cotidianeidad.    ¡¡¡GRACIAS!!!
 NOELIA, SOEL Y SAMUEL